Cómo seleccionar un buen tipo de chocolate

Atendiendo a su composición y en particular al contenido de componentes de cacao, la presencia de leche o la adición de especias, frutas, etc., el chocolate se comercializa de distintas formas:

El chocolate fondant: se elabora con manteca de cacao. Es el chocolate fundido común y se vende en tabletas.

El chocolate amargo: se hace con cacao en polvo, azúcar y aromas. Es el tipo más corriente y se vende en tabletas y en barras.

El chocolate con leche: se desarrolló en la década de 1870 y, en un principio, se hací­a con leche condensada, ahora se utiliza leche en polvo.

El chocolate blanco: es una mezcla de manteca de cacao, leche y azúcar que no contiene nada de chocolate fundido.

El cacao en polvo : se puede utilizar como aromatizante, pero para obtener un verdadero efecto de chocolate ha de ser enriquecido con mantequilla (más de la mitad de su peso) y azúcar.

La cobertura de chocolate: es un chocolate de confiterí­a con un elevado contenido en manteca de cacao que permite muchos usos.

También hay chocolates con avellanas, con frutos secos, con cereales, con frutas, con gustos especiales, rellenos, bombones, chocolatinas.

Consejos de compra y conservación:
Cuando compremos chocolate debemos observar que no haya sufrido reblandecimiento, su superficie debe ser lisa y homogénea. Cualquier deformidad del envase, ablandamiento o presencia de manchas de chocolate en el exterior del envase es motivo para rechazar el producto. Debe presentar un color, olor y sabor propio del tipo de chocolate.
El de buena calidad debe ser amargo, marrón brillante y quebrarse con facilidad al romperlo. Su calidad está en relación a su menor contenido en azúcar, según los expertos. Cuanto mayor sea el contenido en manteca de cacao, mejor es.
No debe confundirse con el “sucedáneo de chocolate” que, aunque de aspecto parecido, a diferencia del chocolate, en vez de manteca de cacao lleva otras grasas vegetales.
La temperatura ideal de conservación está entre los 5 y los 15ºC en un lugar fresco, oscuro y seco. Si no se va a consumir de manera inmediata se puede conservar en el frigorí­fico hasta 6 meses. También se puede congelar, conservando bien su sabor, pero al descongelarlo suele presentar un cambio de color en la superficie.

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