He vivido tratando de acordarme… de que tení­a, por fuerza, que olvidarte.

Cuando sales de tu habitación un sábado a las 12 de la mañana sin apenas poder abrir los ojos (si es que claro, trasnochamos y luego pasa lo que pasa) y un niño de 7 años con una Gameboy en la mano se acerca hasta ti y te planta un beso en la cara sin que tú le digas nada… ¡es que algo pasa! O has tenido un hermano, o un sobrino, o un… ¿¿hijo?? Con este instinto nunca se sabe. Cuando sin hacerte demasiadas preguntas entras en la cocina directa al café y ves a una niña rubita (ella sí­ que sabe) comerse ese trozo de CHOCOLATE, te irritas. “Pero preciosidad, ¡valora lo que tienes en el paladar!”
Luego ya te metes en el baño, te lavas la cara y entonces lo ves claro. Ohhhh, ¡si son mis primos! Es verdad, que sus padres dijeron que nos los iban a dejar el sábado por la noche. Errrrrmm… rebobina. Sábado por la noche. ¿¿Â¡Â¡Qué hacen aquí­ a las doce de la mañana!!?? ¿¿Tó qué ez lo que ez?? :p
– ¿Pero que dónde han ido los tí­os?
– A Madrid, a ver el musical de Mecano (Snif, snif, yo quiero, ¡estas cosas se avisan!)
– ¿Y cuándo vuelven?
– Mañana por la noche.
– ¡ESO ES UN FIN DE SEMANA EN TODA REGLA!!!! Mamá, exijamos un sueldo.

Deja un comentario