No reconocí­ al instante al hombre de mi vida

Desde que Mar Saura tuvo a su hija, Claudia, hace ya ocho meses, se ha convertido en una apologista de la maternidad. Casada con el abogado del Estado y ex jinete olí­mpico Javier Revuelta del Peral, Mar incluso presta su imagen más que nunca a productos relacionados con la infancia. Hace unos dí­as, la modelo y presentadora catalana se zambulló de cabeza en El maravilloso mundo de Milka, un berenjenal plagado de criaturas donde, con la excusa de conocer el mundo alpino y aprender a ordeñar vacas, uno podí­a ponerse morado de chocolate suizo.

– ¿No ha traí­do a su hija?
– Me hubiera encantado pero, con ocho meses, creo que es aún pequeña. Le llevo una vaquita en miniatura. Cuando la vea se va a volver loca, porque está en esa etapa en que los colores y los peluches le llaman mucho la atención.

– Por su figura, se dirí­a que come poco chocolate.
– Al contrario. Soy una enamorada del dulce y, en particular, del chocolate. Por el chocolate con leche y almendras pierdo el sentido.

– Pero no la lí­nea.
– Lo que pasa es que soy una mujer muy nerviosa. Y, además, tengo etapas en las que como menos. Pero, en general, hago muchí­simo deporte y no me controlo con la comida. Lo quemo todo, por deporte, metabolismo o genética. De momento, en eso tengo suerte.

– La veo muy niñera.
– Siempre lo he sido. Pero, desde que ha nacido mi hija, mucho más. He descubierto muchas cosas en mí­ gracias a Claudia. Sabí­a que me gustaban los niños, pero no tanto.

– ¿A su pareja no le quiere tanto?
-Es diferente. A mi madre la quiero a morir. A mi marido le quiero… imagí­nese. Y a mi hija no digamos. Tres cariños totalmente diferentes.

– ¿En el amor se ha guiado por el corazón o por la cabeza?
– Con mi marido llevo casi seis años. No hay un dí­a en que dices: esto ya es sólido. A eso se llega poco a poco. Cuando aparece la persona con la que compartir tu vida, aparece.

– ¿Supo al instante que era el hombre de su vida?
– No, no lo reconocí­, no lo supe. Creo que eso se va viendo poco a poco. El dí­a a dí­a te demuestra.

– ¿Sigue viviendo junto a su madre?
– Sí­, y tengo con ella una relación de lo más estrecha. Estoy educando y criando a mi hija como ella me enseñó a mí­.

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