Para las argentinas, el chocolate da igual placer que un beso

Todo empezó con un estudio, polémico, que se hizo hace algunos meses en U.K. y dio para todo tipo de consideraciones, desde las más feministas hasta las machistas a ultranza: más de la mitad de las mujeres inglesas dijeron preferir un chocolate al sexo. Para seguir con el debate ligero -pero que en el fondo habla de cómo son mujeres y hombres, y de sus complejas relaciones-, la misma empresa que encaró la encuesta inglesa la reprodujo a nivel local. Para las argentinas -más apasionadas que las inglesas-, el chocolate es tan placentero como un beso, pero menos que el sexo.
Las encuestadas fueron 300 mujeres de entre 18 y 50 años. La mitad respondió que al comer chocolate siente un placer similar al de besar, pero sólo el 25% reconoció que era comparable al sexo. Sin embargo, el 29% concedió que el chocolate es más placentero que el beso y dos de cada 10 admitieron que lo prefieren a tener relaciones sexuales.

“La mujer que dice eso es porque nunca encontró quien le enseñara a besar”, dispara, provocador, Carlos di Cesare, dueño del restorán afrodisí­aco Te Mataré Ramí­rez. “Me suena más a una humorada, aunque es cierto que el chocolate es afrodisí­aco, desde lo objetivo y lo subjetivo”, dice, y sabe por qué: de los postres del restorán, los más pedidos son los que contienen cacao.

Al comer chocolate se segregan estimulantes que, por ví­a sanguí­nea, llegan al cerebro y estimulan la actividad cerebral, con lo cual se producen sensaciones de placer -explica la nutricionista Pilar Llanos-. El chocolate funciona como un mimo interno”. La ciencia confirma, sostiene Llanos, que esa necesidad de comer algo dulce “porque me lo pide el organismo” tiene asidero. “Al caer la noche, o en una tarde gris, esa necesidad es real”, dice.

El sexólogo Ezequiel López Peralta aporta que los neurotransmisores que intervienen al comer chocolate son los mismos que se ponen en funcionamiento en el estado de enamoramiento. Sin embargo, para él, la connotación afrodisí­aca de este alimento milenario -muy popular entre mayas y aztecas- es más que nada cultural. “Está asociado al amor y a lo sexual: es el clásico regalo para el Dí­a de San Valentí­n. En mi taller sobre técnicas del beso, en una de las consignas reparto chocolates para agregar una sensación gustativa como parte del juego. Pero si no hay quí­mica con el otro, puedo comerme 10 kilos de chocolate y sólo voy a conseguir engordar”, afirma.

En esa asociación del chocolate con el erotismo hay un fuerte componente de la cultura y del marketing, pero también del producto en sí­. “Es un alimento en el que entran en juego todos los sentidos, hasta el oí­do: al sentir el crujir cuando lo mordemos, se despiertan los demás“, asegura Fernanda Amadruda, chef pastelera del hotel Hilton.

Estas sensaciones placenteras fueron referidas por la mayorí­a de las encuestadas argentinas al hablar del chocolate. “Dicen que al comerlo sienten placer, tranquilidad, satisfacción y algunas, hasta felicidad“, enumera Alejandra Montani, directora de Consumer in Touch, la consultora que realizó la encuesta.

Pablo Tibaldi, jefe de producto de Cadbury, la marca de chocolates que encargó el estudio, dice que “ningún producto se lo puede comparar en las sensaciones y en el momento en que se consume. Tal vez la ropa, pero son ocasiones distintas. Las mujeres, el 60% de nuestros clientes, consumen chocolate en un momento en que quieren premiarse, relajarse, darse un mimo o levantar su humor”.

Pilar Llanos coincide. “Las mujeres somos más sensibles y tenemos menos ví­as de gratificación que el hombre, que pone casi toda su libido en lo laboral y en la competencia”. Sin embargo, la nutricionista da algunas claves para que el mimo no se convierta en exceso. “Comer un bocado pequeño de un buen chocolate amargo, porque el chocolate con leche tiene más azúcares y grasas de origen animal que no son tan saludables. Una barrita de menos de 20 gramos (lo que equivale a dos cuadraditos) es una buena medida, si se mantiene una dieta equilibrada el resto del dí­a. Lo importante es ser inteligentes al comer y saber priorizar”, afirma.

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