Vino y chocolate

Su origen se remonta a 1.500 años AdC en América del Sur, cuencas del Orinoco y Amazonas y fue popularizado por los aztecas, su xocolatl. Podemos encontrarlo en diversas presentaciones. Negro, con 60, 70, incluso 99% de pureza. Blanco, sin pasta de cacao y cobertura entre otras.

La pregunta en ¿con qué tomarlo? ¿Qué vino elegir? En un par de catas recientes, con muestras de chocolate 60 y 70 % lo hemos catado con vinos dulces, Dulce Sol y Negra Sol, moscatel y monastrell de Bocopa, con dos Oportos, un vintage Warren’s 94 y un 20 años, un Down’s Tawny, un PX de Garvey y varios whiskies. Un Macallan 12, un Lagavulin 16 años, un Highland Park 18 y el mejor del mundo 2008, según Jim Murray en The Whisky Bible, el Ardberg 10.

Las notas caracterí­sticas de amargor, punto de acidez y dulzor y su textura, tacto, firme y crujiente, casi podrí­amos hablar de friabilidad, era una prueba complicada para los vinos. De hecho, ni el moscatel dulce ni el oporto tawny pudieron superarla. Quedaban planos, perdidos en el envite. El PX tampoco. Demasiado potente, se diluí­a el sabor del chocolate. Pero quienes dieron la talla fueron el monastrell dulce, magní­fico con los dos chocolates y el Oporto Vintage, mejor con el 60%. Muy recomendables los dos.
El juego diferente comenzó con los whiskies. El Lagavulin 16 años fue demasiado potente. Descartado. Al Ardberg le sucedió algo similar. Probablemente el mejor, el más equilibrado. Con el que apetecí­a seguir tomando pequeños trozos de chocolate con cortos sorbos de whisky, eso sí­, sin agua ni hielo, tal cual, fue el Macallan 12. Aunque la elegancia, los ligeros toques dulces y de Jerez del Highland Park, tampoco fueron una mala elección.

Deja un comentario